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José María Mellado


Almería , 1966
En 1994 ingresa en la Real Sociedad Fotográfica, siendo su actual Presidente

 

 

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Cualquier ruta fuera de las ciudades en un país desarrollado conduce a verificar que en el paisaje hoy la presencia humana resulta imposible de escamotear. Canteras, fábricas, conducciones y urbanizaciones entretejen una red, donde lo natural pasa de ser escenario a convertirse en un mero elemento más de la representación del paisaje.

Desde hace unos años, José María Mellado se ha embarcado en un amplio proyecto fotográfico sobre esa huella humana en el paisaje, usando las tecnologías digitales no para construir ficciones (métodos de collage habitualmente usados por otros artistas digitales) sino para acentuar, puntuándo de manera oportuna con ajustes de color y otras técnicas, las consecuencias de la acción del hombre. Viaja por esos territorios anónimos y apersonales que cubren los intersticios entre nuestras ciudades, deteniéndose en lugares donde colisionan lo rural y lo industrial. Allí los recoge con foco extremo y una iluminación que enfatiza sus presencias, dotando a las fábricas, naves y otras construcciones de una cierta "hiper-realidad".
La perspectiva exagerada, el foco extremo, la dramatización de la luz enfatizan el fuerte carácter temporal. Con una precisión digna del bisturí diseccionador de un cirujano, logra condensar una sección extremadamente pequeña de la continua y creciente presencia humana en el entorno. También el modo que usa el color sugiere un claro mensaje. Dominan los tonos fríos, los grises acerados, que son contrastados con verdes y ocres muy saturados, casi fluorescentes. El escenario resulta desolador, con una evidente escasez de color, extremo que se subraya en aquellas imágenes con cielos de tempestad o tierras con aspecto de estar cubiertas de cenizas. Por otra parte, los escasos resquicios de vida, descritos con intensos colores, parecen indicar la posibilidad de controlar el color de nuestros campos por mutaciones realizadas a través de experimentos genéticos. Todo apunta a una catástrofe que ha ocurrido o está a punto de ocurrir.
En Caspar David Friedrich y otros artistas del movimiento romántico hay un interés primordial por acercar al espectador a la percepción del poder inabarcable de la Naturaleza. Lo Sublime es sinónimo del miedo ante la magnitud de la Naturaleza, que se relativiza mediante la sublimación de la mirada. A principios del siglo XXI, Ciencia, Política y Economía intentan convencernos del grado de control alcanzado por el Hombre sobre la Naturaleza. El miedo a lo incontrolable de la Naturaleza se ha sustituido por el ojo del satélite que todo lo explora y controla a distancia, en una actitud irresponsable que las catástrofes naturales se encargan de recordar de tiempo en tiempo.
En este paisaje de países desarrollados roturado por la acción del hombre, implícitamente artificial, sin resquicio donde entrever aquel "paisaje primigenio", Mellado sabe que no es momento para idealizaciones al estilo de Ansel Adams o Paul Caponigro. Por ello decide presentar unas fotografías donde las huellas del hombre son evidentes en toda la escena y los ligeros intersticios del paisaje en los que aparece una supuesta "naturaleza" sólo apuntan a una manipulación aún más sutil de esta. Actualmente se ha pasado de lo Sublime como miedo a los poderes desconocidos de la Naturaleza al drama de reconocer únicamente su fuerza imbatible en la sublimación de la catástrofe. Mientras la Naturaleza se sacude la presencia humana, Mellado logra atrapar esas pisadas que anuncian el desastre.

 


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