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José Piñar Granada, 1967.
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Puedo decir que mi trabajo dentro del campo de la pintura se caracteriza por la fidelidad al propio medio de la pintura y a sus resortes perceptivos y conceptuales, manteniéndome dentro de lo que se podría considerar una línea de abstracción, en unos casos más lineal o constructiva y en otros llevada por el gesto y lo improvisado. Lo que une estas dos facetas es un hilo procesual que fluye unas veces por el lado del color y otras por el de la forma. Considero que cada cuadro es una parte de un todo más grande que discurre como una narración sin serla, ya que se obvia el contenido en favor de la pintura. Quiero decir con esto que mi trabajo es eminentemente procesual. No surge un cuadro después de otro como otra rama distinta, o como una nueva historia, sino que las transformaciones tienen lugar en la misma línea o rama y encuentran su sentido completo cuando se muestran estas relaciones. Por supuesto hay un asunto en el hilo argumental de estas series, es decir; en el paso de un cuadro al siguiente hay una parte de transformación y otra de reiteración; parte cambia o se desarrolla de acuerdo a ciertos parámetros establecidos (trama, color, mayor o menor organización visual, etc) y parte permanece como nexo. Aunque al cabo de varias de estas transformaciones parezca que hay obras muy dispares dentro de la serie siempre hay algo que las une y que en el fondo es la destilación máxima de cualquier acto pictórico: forma y color. Las obras donde es el color el que articula contienen sólo capas transparentes de los colores primarios; amarillo, magenta y cián, aplicadas sobre seco y sucesívamente en ese orden como estampados serigráficos y a veces reforzados por una cuarta capa, el negro. Unas veces estas superposiciones, en forma de planos y líneas de diversa factura, producen trazados de evidente geometría (paisajes horizontales, óvalos) mientras que en otras ocasiones el color fluye por caminos circulares a modo de nódos unidos por caminos serpenteantes con un aire gestual que remite a su total improvisación, o se diluye en campos de color formados por pinceladas sueltas. En algunos cuadros todo este orden crómático se pierde conscientemente a favor del gris, que mantiene sin embargo el orden formal. Hay en esto un deseo de trastocar las relaciones entre unas obras y otras, yendo del color a la forma en un proceso que, como dije antes, se hace más comprensible en el todo. Este uso de los colores primarios más el negro, así como las relaciones formales que van tramando esta supuesta narración tienen también algo que ver con el modo en que las imágenes se producen y distorsionan hoy día con el uso de los medios digitales y la reproducción física de éstas. Se va del rojo-verde-azul (RGB) de la pantalla al cián-magenta-amarillo-negro (CMYK) de las impresiones fotográficas, que son microeventos pictóricos púros, o al blanco y negro (B&W) del documento más desechable. Son apreciables también los procesos de transformación de unos cuadros a otros que usan el positivo y el negativo, los desplazamientos de capas de color, las distorsiones de los tramados que pasan de lo ortogonal a lo circular, o que van abandonando el orden establecido por la trama a favor de una mayor desorganización, etc. Todo ello también refuerza mi idea de una pintura que simula en cierto modo el esquema de transformación digital, aunque la pulsión manual, conscientemente buscada, mantiene mi trabajo dentro del más puro camino de la pintura. La obra que presento en esta exposición se centra más en los cuadros donde la forma se desorganiza y diluye forzando al espectador a organizar los golpes de color de una forma parecida a como lo hace la pintura impresionista. Esta aparente desorganización, sobre todo en los papeles, muestra su conexión con el resto cuando se unen varios para formar una especie de paisajes. José Piñar |
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